Los jóvenes son más vulnerables frente a un mercado laboral argentino que les da pocas posibilidades de inserción. Particularmente, aquellos que están en la franja etaria de entre 18 y 24 años de edad, aquellos que -en muchos casos- han terminado la secundaria y también los que han decidido encarar una carrera terciaria o universitaria. Este grupo poblacional tiene históricamente más probabilidades de acceder a empleos no registrados. Desde 2017 hasta 2020, dos de cada 10 jóvenes de entre 18 y 24 años eran empleados como asalariados informales, abarcando esta categoría ocupacional a un promedio de 1,1 millón de personas en esta edad, de acuerdo con un informe elaborado por las economistas Laura Caullo y Azul Chincarini para el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral). Sin embargo, este conjunto se redujo a la mitad en el segundo trimestre de 2020 cuando las medidas de confinamiento social para la lucha contra la pandemia por Covid-19 se presentaron en su fase más estricta. En este período, puntualizan los especialistas sobre la base de datos oficiales, alrededor de 525.000 trabajos asalariados no registrados fueron perdidos para los jóvenes en el segundo trimestre del año pasado en comparación con el primero de ese mismo año. También se exhibió una caída en el empleo registrado (88.000 puestos) y en el trabajo cuentapropista (89.000 trabajos) de los mismos. Luego del shock que significó las medidas de distanciamiento social sobre el mercado laboral, los jóvenes se reinsertaron como autónomos o cuentapropistas: en el trimestre observado alrededor de un 5,2% de la población joven trabajaba de forma independiente, mientras que para el primer trimestre de este año, este porcentaje aumentó a un 7,2%, lo cual involucra 108.000 personas más trabajando bajo esta modalidad, señala el reporte de la entidad de la Fundación Mediterránea

¿Cuáles son las condiciones laborales que más prevalecen en el país respecto de los jóvenes? Según los investigadores del Ieral, Mendoza (48,9%) y Buenos Aires (42%) son las que presentan mayores tasas de empleo para los jóvenes de entre 18 y 24 años, seguidas por Misiones (41,1%) y Chaco (40,5%). Sin embargo, estas últimas dos exhiben a su vez, tasas de informalidad entre asalariados superiores al 70%. Además, en el caso de Chaco se presenta una participación del cuentapropismo en relación al total de ocupados jóvenes del 22,5%, superior a la del total nacional (18,4%). En el caso puntual de Tucumán, la tasa de empleo ha sido del 37,6% al cierre de la primera mitad del año.

La provincia con mayor informalidad juvenil entre asalariados es Salta, donde nueve de cada 10 empleados en relación de dependencia no están registrados. En Jujuy, Corrientes, La Rioja, San Juan y Santiago del Estero, esta métrica resulta de 8 de cada 10 empleados de entre 18 y 24 años. En este lote podría incluirse además a Tucumán, ya que cuenta con un 78,1% de su fuerza laboral juvenil en la informalidad, según el Ieral en base a datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). En 22 de 24 provincias, más de la mitad de los empleados en relación de dependencia de los jóvenes está ocupado bajo condiciones de informalidad. Las dos provincias restantes, Tierra del Fuego y Neuquén, tienen una tasa de informalidad entre asalariados del 19,6% y 48%.

Por otro lado, a nivel nacional, dos de cada 10 jóvenes ocupados trabajan de forma independiente, pero a nivel provincial esta métrica se duplica para el caso de Santa Cruz, Chubut, Corrientes, Formosa y Río Negro. Mientras, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Catamarca sólo el 3% y 8,1% de los ocupados son cuentapropistas. En Tucumán, por su parte, el 17,5% de los jóvenes ocupados revisten ese carácter emprendedor.

En tiempos recesivos, indican las economistas, la informalidad y el cuentapropismo pueden colocar a los jóvenes en condiciones de pobreza; y, por otro lado, bajo una mirada intertemporal pueden afectar otras instituciones del país, como es el sistema previsional, donde particularmente el trabajo informal compromete su sustentabilidad.